Notas Cuento

Paternidad

Relacionada con Raúl Gerardo Méndez Rodríguez

Hace unos días vi una arañita detrás de la cortina de mi oficina. No me gustan las arañas, pero era tan pequeña que no tuve corazón para espantarla. La miré un momento, le deseé suerte en silencio y seguí trabajando.

Desde entonces se quedó ahí, en su rincón. No hacía ruido. No pedía nada. Apenas existía.

Con los días me acostumbré a verla. Ya no era una presencia extraña, sino algo casi familiar: una vida mínima compartiendo mis horas sin tocarlas.

Hoy volví a mirarla y sentí un nudo.
Había crecido.

Seguía siendo la misma, pero ya no ocupaba el mismo lugar en mis ojos. Era más visible. Más cierta.

Me quedé un rato frente a ella, con una gravedad que me dio vergüenza. Tal vez creyó que podía quedarse. Tal vez mi quietud le pareció permiso. Tal vez yo también quise creer, por unos días, que no pasaría nada.

Pero va a seguir creciendo.

Sé que un día me costará mirarla con la misma ternura. No porque haya hecho algo malo, sino porque habrá llegado demasiado lejos en un sitio donde nunca hubo sitio para ella.

Quizá solo le di unos días de calma. Quizá ella me dio, sin saberlo, esa tristeza suave de ser elegido por algo que uno no sabe recibir.

Ojalá encuentre una salida antes de que sea tarde. Una rendija, una ventana, otro rincón menos incierto. Un lugar donde crecer no vuelva peligrosa su presencia.

Porque ella seguirá acercándose.
Yo seguiré tomando distancia.

Y aunque todavía no ocurra nada, aunque sigamos aquí, quietos cada uno en su lado, el final ya empezó a insinuarse: alguien va a tener que romper esta ternura.

Hilo